miércoles, 16 de septiembre de 2015

Despierta del coma al escuchar el llanto de su bebé

Nunca sabemos de qué manera sanan las personas. Yo, como dijo Einstein, pienso que todo es un milagro -si estoy loca ¡pues muy bien!- y hemos de estar pacientemente atentos y abiertos, confiando en la vida, porque en realidad, para mí, eso es lo que viene a traernos una enfermedad o algo como esto, confianza en la puta vida.
¡Mirad este artículooo!

http://m.bebesymas.com/parto/una-madre-despierta-del-coma-al-escuchar-el-llanto-de-su-bebe-por-primera-vez

El viaje - El vacío

Nací como una mujer triste y observadora
fui solitaria
crucé todos los desiertos
Confío en los caminos del valor
en el dolor inefable que hay en ellos
confío en los espacios deshabitados
de puertas para adentro
Durante años, a cambio del valor que aportaba
tan solo recibía vacuidad y desprecio
mas no era a mí a quien aquel desprecio buscó
Estamos solos por dentro
hablamos sobre asuntos por llenar el vacío
pero no hablamos del vacío
del dolor, muchas veces, nos negamos a hablar
yo sé
que si nos resistimos a hablar de esto
si esto no puede ser expresado en confianza
tampoco llegaremos a trabar la alegría
No reparamos en que en la vida hay personas
que si tan solo reparásemos en ellas
más allá de nuestro habla o su habla
cielos...
que si tan solo abriéramos confiados nuestras manos
convertiríamos todo en alegría y consuelo
No sé cómo yo olvidé esto y cómo tantos lo olvidamos
no os puedo contar mi camino
pero ahora sé que soy una mujer tan triste como alegre
comprendo la necesidad de ambos polos
comprendo su luz vital

Se negaban a hablar, a estar solos; a estar acompañados
hasta caer en la desolación del alma
El camino de la vida humana es social
mordimos el anzuelo del aislamiento
tal vez creemos que así somos más libres
creemos...
¿es realmente libre esa libertad
o acaso procede del miedo a vivirla?
¿Qué llegó a separarnos así de nosotros mismos
y del amor hacia otros seres?
La respuesta a esta pregunta creo, no es propia
sí será tu respuesta, pero no solo tuya
Esta respuesta la verás en otros ojos
en otras vidas
Observa el dolor que estás tapando
mira cómo lo tapas en ti y en los demás
mira cómo tantas personas también lo tapan
¡mira todas y todas las maneras que inventan!
mira el miedo que hay en este gesto
Bloquear todo esto es negar la alegría
Habla con todos cuanto conoces desde otra óptica
comparte ese dolor con respeto y bondad
obsérvalo desde el valor de una vida
Comprenderás todas tus barreras
comprenderás la alegría que oculta el fondo del alma
comprenderás qué la oculta
y volverás al camino desandado

Recordarás

Sonríe de corazón
sonríe...
¡quédate con tu cara!
tócate esa sonrisa
por favor...

martes, 15 de septiembre de 2015

El viaje - La luz

La vida es algo tan sencillo que se comprende en la luz
no es lo que esperas, a veces parece la hecatombe
la más absoluta pérdida
la luz
la luz que no sabemos agradecer
la sencillez de una sonrisa gentil
esa alegría es la vida
y está también presente en todo modo de tristeza
No hay planes que lo puedan mejorar...
la vida simplemente se da en este momento
se dona generosa
Ojalá la veamos
ojalá no tengamos que volver a sufrir para encontrarnos en ella
ojalá acompañemos con cariño y sin miedo
paseemos seguros y en calma
Hagamos por la luz
la luz nos acompañe
la luz
la gracia de una caricia suave en la mirada atenta
Nadie puede darnos eso porque ya nos fue otorgado
la vida lo entregó abierta
nos lo regalo silenciosa
por ver qué hacíamos de sus hermosos dones
y a la belleza tapamos la cara y dimos la espalda
la cubrimos de palabras vacías para justificar
ese impío acto de estarla perdiendo y olvidando
de castigarla frente a una patética pared
y estarla solo apalabrando cuando ella es la juventud y la vida
No olvides esa belleza silenciosa
esa belleza despojada de palabras
ese espacio de amor que se cerraba
Siempre permanece y redunda precioso ahí
si descorremos la cortina de nuestros despiadados juicios
de nuestras justificaciones
Siempre... comprensiva, vasta y grande
incomprensible para quien no la reconoce
Ese milagro de vida está en la memoria
está perpetuamente susurrando por que veas
para que adviertas la grandeza de este mundo en tu mirada
para el encuentro en esa íntima presencia de tu ser

Por que la encuentres y que no la olvides nunca
que quieras siempre recordarla
La luz...
ese alimento de la vida depurando

Amor

Hay libre tu agua

Antes de tu primer latido

Mucho antes de tu primer latido, tu cuerpo ya sabía lo que debía hacer.

Cuando apenas eras un diminuto conjunto de células, para vivir, te bastaba con dejarte llevar y dejar que la Naturaleza actuara. Fluir era la clave.

En tu primer gran viaje, fluyendo, llegaste a la cálida cueva que tu madre tenía preparada para ti. En ella, pasaste tus primeros días de vida rodeado de calidez y armonía. En tu nido, podías desarrollarte y crecer sin presión, sintiendo los ritmos de tu cuerpo.

No había miedo, sólo confianza.

Déjame que te pregunte ¿cuándo cambió todo? ¿Cuándo dejaste de confiar en ti? ¿Cómo te convertiste en esa persona avejentada de cuerpo rígido y temerosa de todo?

Quizás tu confianza comenzó a quebrarse cuando tu madre supo que estaba embarazada. ¿Cómo reaccionó ante la noticia? ¿Estaba preparada? ¿deseaba tener hijos? ¿pensó en abortar? Puede que tuviera miedo o que deseara una niña, aunque tú ya sabías que eras un niño (o al revés).

Y en aquellos momentos te preguntaste: ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Mamá será capaz de quererme y de aceptarme tal y como soy? ¿Y si ella no me cuida?, ¿estará mi vida en peligro?

Eras un bebé, aún desconocías las palabras, no sabías que aquel horrible escalofrío que había recorrido tu diminuto cuerpo se llamaba terror.

En tu situación, no podías hacer mucho más que amoldarte a lo que tu madre deseara, dependías de ella para todo. Aunque tuvieras que renunciar a una parte de tu esencia más profunda, necesitabas que te quisiese para que estuviera dispuesta a cuidarte. Si te comportabas como mamá quería, ella estaría contenta y tú seguirías creciendo.

Así lo hiciste y fueron pasando los días, pero aquel fluir natural del principio se hizo más costoso y el ambiente era más denso.

Por otra parte, puede que tu seguridad se viera mermada cuando te obligaron a nacer de forma violenta (contracciones muy seguidas, aparatos terroríficos como fórceps, una cesárea que te arrancó de repente de la calidez del seno materno …) y además, te obligaron a nacer antes de que llegara tu tiempo, aduciendo motivos de comodidad (ya ha llegado a la semana 38, no pasa nada, llegan las vacaciones y me voy de puente, etc.) o de salud (es por el bien de tu hijo, demasiado pequeña, demasiado grande, insuficiencia de líquido amniótico, …).

La verdad es que, de haber dejado a la naturaleza seguir su curso, no habría pasado nada y habrías tenido un nacimiento más armonioso.

El sentimiento que te quedó de toda aquella traumática experiencia fue el miedo y, además, desde aquel momento te volviste inseguro y pensaste que era mejor dejar que otros decidieran por ti.

¿Dónde estaba tu madre durante todo el parto? ¿por qué no la sentías? ¿por qué os separaron al nacer? ¿dónde estaban su cuerpo, su pecho y su voz, aquello que tanto necesitabas?

Ahora entiendes el miedo a las batas blancas y a los médicos. En aquel tiempo que pasaste en soledad aprendiste a replegarte, a economizar tus fuerzas para mantenerte con vida. Algunos dicen que este es el primer momento de sumisión del ser humano, pero tú sabes que la sumisión puede comenzar antes, ya desde el embarazo.

No obstante, a pesar de todo lo sucedido, aún tenías energía y esperanza para seguir adelante, pero poco después, siendo aún un bebé, llegaron las imposiciones, los desprecios, la soledad y, también, los gritos.

Te forzaron a comer cuando no tenías más hambre, a dormir cuando no tenías sueño y a callarte cuando querías hablar. Lo sufrido en el embarazo no fue sino el preámbulo de la dura vida que te esperaba fuera.

Después de largos años de resistencia, tu alma infantil se quebró, se hundió, y quedó enterrada bajo capas y capas de duros mandatos. Mandatos que, sin embargo, en aquellos momentos te ayudaron a sobrevivir en el ambiente de violencia en el que estabas inmerso.

Ahora, pregúntate si hoy en día, ya en tu vida adulta, te siguen sirviendo aquellos bloqueos y prohibiciones. ¿Cómo te afectan en tu vida? ¿qué te impiden hacer?

Y, sobre todo, ¿hasta cuándo quieres seguir así?.

Aquella parte de tu alma que enterraste en tu infancia, aún está allí esperándote.

Conecta con ella y recuerda cómo te sentías cuando en tu vida no había nada que te perturbase.

Recuerda cómo la Naturaleza y tu instinto guiaban tus pasos y no tenías que hacer nada salvo dejarte fluir.

Sólo debes ser tú mismo de nuevo.


Texto: Ramón Soler